martes, 24 de junio de 2014

Ni diez años, ni diez días.

Si soy el mismo, te repites en cada mismo instante con el paso de un segundo. Un segundo. ¿''Si soy el mismo'' le dice un niño a diez años más?
No me lo vuelvas a preguntar, soy miope, no veo meses; sólo días.
-Sigues sin contarme por qué es mejor ahora.
-No es mejor: soy mejor.
Que tanto el niño del pasado y el hombre del futuro piensan en sus mañanas. Otra mentira. O quizás verdad, pero falsa. Piensan en sus mañanas y olvidan 'los' mañanas.
Mejor y peor, no lo defines tú, ni tu 'diez años más' (ya puestos). Parece que uno sólo puede valorarlo cuando no está en cada etapa. Pero para entonces,sí: ya es otro.
Entonces,¿cómo lo hago?
No lo haces, piensas en poder hacerlo.
Siempre los tiempos pasados fueron mejores, pero a veces ni siquiera fueron tiempos tuyos.
Una vida, dicen. Y yo llevo tantas ya...

Dime que no.

¡Qué afán por crear y luego destruir palabras; si no se van a ir!
¡Vaya forma más tonta de huir de la animalidad!, si somos bestias.
Escucha a alguien convencerse de que no, de que él viene del mono; sí, pero que ninguno de los dos se reconocen.
Parentescos lejanos, de los de: si nos cruzamos, no sé si saludarte.
Y al final, acabas en él. O no. Todos acabamos en algo. Tú en mí, y yo...yo también en mí. No es que no te quiera, pero es que yo me quiero mucho.
Luego alguien piensa en la efimeridad, y en las palabras; claro. Ahora dices que he cambiado de pensamiento, que te mentí, pero: ¿cómo?, si tú tampoco te lo creías.
Sigue hablándome del futuro mientras yo lo cambio y, también, continúa diciéndome que no lo he cumplido, aunque sepas que sí, con alguien parecido a ti, o tú; ya no sé.
Que hice muchas promesas, vacías, pero: ¿tú sabes llenarlas de algo?
Ahora dime que no tiene sentido, háblale a mi cabeza de ello, que la que no tiene sentido no es la mía; que ordena las palabras como quiere.